
Déjame ser yo quien dibuje tu rostro
y encienda la vieja vela
para que se ilumine el fondo
de la guarida secreta
para que hables de los dos
y yo te calle en susurros el dolor
ése que te gasta los días
y envejece tu entrecejo.
ven amor, que la vida palpita!
y hemos dejado ya de ser dos
en el torrente las aguas nos limpian
no temas a la desnudes de las idas
ni a la pulcritud de las mías
que al final la guerra no es mas que una tregua
y el amor no mas que el cansancio
de aquellas noches que son todo menos frías
y que atesoro en mi regazo.
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